Mei Lian nació en una aldea olvidada al norte de la provincia de Cantón, sus padres eran católicos y cuando nació fue bautizada en esa fe, pero fueron masacrados junto con el resto de su aldea hacia 1965, cuando ella tenía sólo un año. Había una aldea, no muy lejana de ahí, donde una niña se crio desde 1965 y de la que salió en 1976. Una aldea prohibida y secreta donde 5 familias muy antiguas preparaban a sus jóvenes desde muy chicos. La aldea se llamaba Wúmíng que significa “sin nombre” en mandarín, que era el idioma principal en esta aldea, no el cantonés, así que se presume que llegaron del norte, pero no se sabe ni se tiene memoria del tiempo que tienen ahí, nadie habla abiertamente de esa gente. Se les conoce solamente en círculos políticos y de poder, son asesinos a sueldo desde tiempos inmemoriales. Se dice en Dongguan que el diablo vive en la aldea que no tiene nombre, para decir que no sabemos de donde vendrá el mal, pero el fondo de ese dicho tan popular está fundado en Wúmíng. Desde los tres años se les entrena con un método milenario de preparación física que sólo ellos dominan, los niños que salen de esa aldea no son niños, son demonios que matan como desayunan, por instinto, costumbre. Mei Lian fue cedida al ejército chino a los 12 años a cambio de favores y dotes de tierra. Se recibió en ingeniería química en 1984, a los 20, y obtuvo un doctorado en bioquímica a los 23, en 1987, siendo la doctora más joven ese año en China. Su tesis: “Toxinas letales endémicas”, la posible base para asesinar con las propias toxinas de un organismo y convertir un asesinato en una muerte “natural”, pero eso era un secreto más del ejército. Su primer asesinato para el régimen se dio a los 16, al terminar hizo la señal de la cruz en secreto, como lo hacía desde siempre, sin saber porqué. De su ilustre carrera en el ejército sólo sobreviven sus clases grabadas de wing chun y algunas medallas de condecoración. Cómo apareció un día en Mexicali y se convirtió para la Cofradía en brazo letal, jefa de espionaje y madrota de 30 putas es un misterio para muchos. Pero, basta con decir que es producto de un régimen totalitario que repudia el poder femenino sumado al valor potencial de alguien como Mei Lian para ciertos círculos de poder. Todavía hay quien la llama demonio a sus espaldas, pero acude cada domingo a catedral, a misa de 7:00 AM, se confiesa cada día primero de mes y todavía hace la señal de la cruz de vez en cuando, cosa que quién ve, es porque ya se va a morir o está en ese punto en el que ha muerto pero su cerebro todavía opera, esos segundos en los que la sangre deja de bombear, pero su mente está todavía consciente. Hay quien la llama hija de puta, cuando es mas bien madre de putas, yo la llamo mentor, y es la persona más importante en mi vida.
(Sacado del diario de Shui Li, fechado el 25 de diciembre de 2010- Se presume que este relato es un mero extracto de su imaginación, luego de leer la serie de “Las Leyendas de los Otori” (“El suelo del ruiseñor”, Liam Hearn 2002).

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