Raskólnikov

Tomado del Diario de Shui Li, diciembre 24 de 2010 

Cuando haces das servicios a hombres como medio de supervivencia puedes pensar que estás en la parte mas baja de la sociedad, que no eres nada ni nadie y debes trabajar mucho contigo para darte cuenta que es al revés, que eres la punta de lanza de la cadena alimenticia en términos de poder social, que esos hombres tienen una familia, un prestigio y cierto status social y tu tienes todos los medios para destruirles todo, que te deben su libertad y su falso estilo de vida, mismo que protegen a toda costa, que temen perder por encima de todo, incluso la vida misma. Pero el trabajo que debes hacer para sobrellevar en paz tu primer trabajo duro, después de ver la luz de sus ojos desvanecerse en un soplo obscuro, mirando al infinito, no tiene comparación lo primero, entender que ser el ángel de la muerte es un trabajo más y que hacerlo eficientemente te pone encima de otros seres no es para nada una labor fácil. Cuando conocí a Raskólnikov de la pluma de Dostoyevsky entendí muchas cosas. La primera es que el motivo no es relevante, hay muchas formas de justificarse a sí mismo el extinguirle la vela a otro ser humano, ninguna funciona. Por cada razón para matar, hay cien razones para obtener lo mismo sin hacerlo, así que no debe uno pensar en justificaciones, no las hay. La segunda es que, la persona que mata no es la que está siendo enjuiciada cuando la otra muere, matar no es una medida del que mata, es una medida del que muere, y muere porque está en el lugar incorrecto en el momento incorrecto y por un sinfín de razones más. Raskólnikov es ególatra y vive en sí mismo, se toma las cosas como si éstas estuvieran calificando su humanidad, cuando en realidad, a nadie le importa y él no tiene poder absoluto sobre lo que el mundo piense. La tercera es que de nada sirve arrepentirse, de nada sirve pensar dos veces en el acto consumado porque cuando uno pasa por el infierno es preciso cerrar los ojos para no quedar encerrado en él. Entras al inframundo porque estás en ese camino, no porque seas malvado, inútil o desgraciado, pasas por el averno porque es el camino en el que la suerte te puso y tu objetivo es sobrevivir día a día, no morir a diario. El ser humano construye sus propias celdas, crea sus cárceles y decide vivir en ellas y cuando no encuentra lo que desea en ese proceso auto destructivo, encuentra la manera de que alguien más lo haga por él. Ahora bien, cuando encuentras la forma de generar un bien con ese mal definitivo, cuando alguien más se beneficia de ese acto final, sigue sin tratarse de ti, pero te queda la satisfacción del deber cumplido y no le das más vueltas, sigues adelante. Doy gracias a dios por no vivir en el siglo 19, la providencia sabe que me hubieran quemado o enterrado viva desde los 23, quizá con una estaca de madera en el pecho, castañuelas o algún otro artilugio mágico en mi féretro. Otra razón más para amar el siglo 21. 

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