Te digo:
Desde que crecen las niñas en México, en China y en un sin número de lugares del mundo, los padres les hablan de su boda, del día en que podrán por fin salir al mundo, como parte de un ritual natural en el que no existen en el cosmos salvo que sea casadas, de la mano, o de la pata de un hombre y dando a luz. Si bien es cierto que desde una perspectiva evolutiva, esa es una función exclusiva de la mujer y necesaria para la subsistencia de la especie, una función natural no define a un ser humano. Es el equivalente a un hombre definido por su capacidad de pelea, de carga, de trabajo, etc. Nuestras funciones corporales, ni dentro de la sociedad son una definición de nosotros mismos. Dicho esto, ¿para qué necesitas a un güey?, puedes quererlo, eso es otra cosa, pero la permanencia con él no te define… y si no lo hace eso, ¿que?
Una persona se define por sus gustos, sus pasiones, su aportación a la sociedad desde una perspectiva laboral, su relación con otros, su ayuda y soporte a otras entes sociales, sus habilidades físicas, su belleza en unos ámbitos o la ausencia de ella en otros (y de nuevo, esta es la opinión de unos y otros, siempre varía), su capacidad de entender al mundo, su capacidad creativa, artística, etc. Es completamente irrelevante si es hombre o mujer. Y si bien a los niños les dicen igual, también les dicen que pueden probar, para que sepan… y lo mismo diría yo a una mujer. Prueba si te apetece, prueba hombre, mujer, solitario, mastúrbate, sal adelante, aprende a defenderte, en palabra y fuerza, estás sola si no te tienes a ti, esta tú para ti. Solo entonces, si te da la gana, un güey, el que sea, te va a respetar y tratar de igual. La igualdad de género no es cosa de ellos, es cosa de ellas.
Y ya logrado esto, seamos como CHER. Tomemos el postre, sin que empalague ni haga daño, a nuestros entero gusto, porque nos da la pinche gana. #TODASPODEMOSSERCHER
Shui Li
Mexicali, abril del 2022

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