Los demonios no te odian ni te aman, te usan.

Pensar que Park y yo podríamos irnos un día de esa mierda sabía a chocolate y miel cada noche que nuestros cuerpos coincidían en perfecta armonía. Sus padres estaban conectados en La Cofradía, eso era claro pero nunca hablaba de ellos. Veíamos “Natural born killers” en Youtube y fuimos Micky y Mallory tantas veces, planeamos cientos de atracos, desde el restaurante de Juan, al que siempre dejábamos vivo, hasta el antiguo Banco Nacional de México, que sonaba mejor que CitGroup Banamex, donde Park tenía una cuenta registrada, nunca me platicó como logró obtener sus papeles tan rápido, nunca pregunté.

Un día me citó en el patio trasero de la cocina, me explicó una mierda así como que sus padres lo querían obligar a casarse con la hija de uno de los jefes de La Cofradía, que él no quería pero que si no lo hacía lo pasaría muy mal, que la chica era pariente de un coronel del ejército chino y que no tenía alternativas, que debía irse del restaurante al día siguiente pero que con el tiempo regresaría y que podríamos seguirnos amando en secreto… Nunca supe como, pero al parecer le rompí dos costillas y tumbé 5 dientes, creo que 3 se los pudieron reinsertar esa misma noche cuando lo atendió un dentista de La Cofradía, con la boca ensangrentada aseguró que me mataría, ese era el verdadero infierno, esa mirada de odio de la persona a la que yo amaba, ¿cómo pude ser tan estúpida?

Al otro día Juan me encerró, me mandaba comida con una tal Mei Lian, solo podía salir a bañarme una vez por semana, duré dos meses en el encierro, hasta que un día Mei Lian me dijo que La Cofradía me había perdonado la vida por el engaño de Park, pero que ahora trabajaría de puta… siempre puede ser peor cuando se desciende al infierno.

REGRESO AL ÍNDICE

2 responses to “Los demonios no te odian ni te aman, te usan.”

  1. […] Un día llegó un chico nuevo de Cantón, no era tan hermoso como Peter, pero era guapo y alto, lo primero que ví fue su sonrisa al verme. Juan Lee lo trataba bien al grado que solo pasó una semana en la cocina antes de irse de mesero, no tenía oportunidad, me enamoré y le entregué mi virginidad una noche, me prometió casarse conmigo al salir de ahí, me hablaba de un restaurante y me escuchaba hablar de mis libros. ¿Cómo no quererlo si entre duendes, había un ángel que me quería y deseaba? ¿Cómo iba yo a saber que era el demonio de este círculo? […]

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