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No hay ángeles, solo demonios.
Desde el día que me recibió con su fétido aliento e higiene reprobable, Juan Lee me había tratado bien, “como de la familia” decía él, pero sabía que no lo decía en serio, jamás a una sobrina suya la pondría a trabajar mis jornadas, ni la prostituiría como lo hacía con las mejor pagadas y…
