Ahora estamos más a la vista, pero sigue la vida igual. Se sigue comerciando con la vida y la muerte, la grandota, la chiquita y la terminal. Para algunas es en la cárcel, para otras es ahí en ese agujero que he llamado hogar por mas lunas de las que puedo contar, para otras la alcoba segura de su casa en un fraccionamiento residencial de primera, con el aliento fétido y el olor a burdel del animal que ronca a su lado, su depredador. El comercio por la vida se paga con todo tipo de moneda, pesos, dólares, yuanes, un carro nuevo, una cajetilla de cigarros… a cambio… la dignidad en el mejor de los casos. Por eso no hay que esperar, hay que ponerse manos a la obra y buscar el momento de su vulnerabilidad. Ayer le decía Denzel Washington a Will Smith: “ahí, en tu momento mas alto, en tu máximo vuelo, ahí estará el diablo”, yo prefiero ser el diablo, no sé tú.
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